Para que aparezca el arte, nosotros debemos
desaparecer. Esto puede sonar extraño, pero en realidad es una experiencia común.El ejemplo elemental, para la mayoría de las personas, es cuando algo "atrapa" nuestra mirada o nuestro oído: un árbol , una roca , una nube, una persona bella , las manchas del sol reflejadas en la tierra húmeda en un bosque, el sonido de una guitarra que se cuela de pronto desde una ventana. La mente y los sentidos quedan un momento en suspenso, completamente entregados a la experiencia. No existe nada más. Cuando "desaparecemos " de esta manera, todo a nuestro alrededor se convierte en una sorpresa, nueva e intacta. El sí mismo y el entorno se confunden.
Vemos las cosas tal como somos nosotros y como son ellas, y sin embargo podemos guiarlas y dirigirlas para que se conviertan exactamente en lo que queremos. Este estado mental activo y vigoroso es el más favorable para la germinación de la obra original de cualquier tipo. Sus raíces están en el juego del niño, y su máxima floración en la creatividad artística totalmente desarrollada. (
Stephen Nachmanovitch del libro
Free Play La improvisación en la vida y en el arte )